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Historia Argentina [Presidencias]

Período de Autonomías Provinciales

El periodo de autonomías provinciales en Argentina se desarrolló entre 1820 y 1852, caracterizado por la ausencia de un poder central efectivo.

El Cono Sur [Imagen: Wikipedia]
El Cono Sur, en un mapa publicado en 1846. Los límites entre las provincias argentinas corresponden a antes de 1820. [Imagen: Wikipedia]

El período de autonomías provinciales en Argentina se desarrolló entre 1820 y 1852, caracterizado por la ausencia de un gobierno central efectivo y la autogobernanza de las distintas provincias. Este contexto histórico surge tras la disolución del gobierno nacional a raíz de la batalla de Cepeda en 1820 y culmina con la caída del régimen rosista después de la batalla de Caseros en 1852. Durante este lapso, las provincias argentinas operaron como estados independientes, intercambiando tratados para regular sus relaciones mutuas mientras Buenos Aires asumía la representación externa del país. La ausencia de un gobierno central y una constitución nacional fue la norma, salvo breves excepciones, lo que dio lugar a conflictos recurrentes entre las provincias federales y unitarias. A pesar de estas luchas, este período también fortaleció la conciencia nacional al evitar la disgregación del país en múltiples estados soberanos.

Antecedentes

El Virreinato del Río de la Plata obtuvo su independencia del Imperio español a partir de la Revolución de Mayo en 1810, aunque no todos los territorios se unieron inicialmente como Provincias Unidas del Río de la Plata. La guerra contra España permitió consolidar esta independencia formalizada en 1816.Libros de historia

Desde 1814, conflictos entre centralistas y federales comenzaron a erosionar el poder del gobierno nacional. El Partido Federal luchó por su autonomía frente al Directorio centralista, lo cual llevó a la firma de un armisticio en abril de 1819. Sin embargo, este acuerdo no detuvo las hostilidades y pronto se reanudaron los enfrentamientos entre Artigas y el gobierno central.

El Congreso Nacional, sin participación de provincias federales como Corrientes o Entre Ríos, aprobó una constitución unitaria y nombró director supremo a José Rondeau. No obstante, esta medida fue seguida por nuevas revoluciones que desafían al gobierno central en varias regiones, incluyendo Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, lo cual marcó el inicio de un período caracterizado por la ausencia de una autoridad nacional reconocida.

La anarquía

Desde entonces, cada provincia gobernó por sí misma: los federales habían logrado evitar el sometimiento por parte del gobierno central, pero al precio de destruir toda forma organizada y centralizada de poder nacional. La ausencia de un Estado central permitió que las provincias se autogobernaran como estados independientes, lo cual llevó a la firma de numerosos tratados para regular sus relaciones entre sí.

El Partido Federal, liderado por figuras como Estanislao López y José Gervasio Artigas, jugó un papel crucial en esta etapa al rechazar el control del Directorio centralista. Sin embargo, este movimiento centrífugo también provocó conflictos internos y externos que dificultaron la formación de una estructura política estable a nivel nacional. La ausencia de un gobierno central efectivo llevó a cada provincia a adoptar medidas autónomas para garantizar su propia supervivencia y prosperidad, lo cual generó tensiones significativas entre ellas.

En 1820, tras la batalla de Cepeda, el poder del Directorio se debilitó aún más, permitiendo que las provincias federales consolidaran su autonomía. La firma del Tratado del Pilar en ese año fue un hito importante para regular estas relaciones autónomas entre Buenos Aires y Santa Fe, pero la inestabilidad persistió debido a continuos conflictos militares y políticos.

En Buenos Aires

Faltando el gobierno nacional, Buenos Aires se vio sometida a un período de acentuada inestabilidad política: el Cabildo reasumió su autoridad y creó una legislatura provincial, conocida como Junta de Representantes —conjuntamente con Sala de Representantes—, que fue la que nombró gobernador a Sarratea. Con ese paso Buenos Aires y su territorio propio pasó a constituir una nueva provincia a la par de las demás, pero la Junta entró repetidamente en conflicto con el Cabildo, mientras diversos jefes militares –Miguel Estanislao Soler, Juan Ramón Balcarce, Manuel Pagola, Manuel Dorrego– se turnaron para ocupar el gobierno provincial.

Retrato de Martín Rodríguez [Imagen: Wikipedia]
Retrato de Martín Rodríguez, quien fue finalmente elegido como gobernador. [Imagen: Wikipedia]

Ramírez y López regresaron a sus provincias; pero el incumplimiento de parte del gobierno porteño del Tratado del Pilar incitó a López a volver a invadir Buenos Aires. En la batalla de Cañada de la Cruz, del 28 de junio, derrotó al gobernador Soler, que fue reemplazado por Dorrego. Este marchó en busca de López, ocupó sangrientamente San Nicolás de los Arroyos, e invadió Santa Fe; fue completamente derrotado por López en la batalla de Gamonal, del 2 de septiembre.

En Buenos Aires la Junta de Representantes eligió gobernador a Martín Rodríguez el 26 de septiembre. El 1 de octubre, el coronel Pagola ocupó el Fuerte de Buenos Aires, pero fue derrotado el día 4 por el regimiento de los Colorados del Monte, comandado por Juan Manuel de Rosas. Rodríguez conservó el gobierno y los Colorados del Monte fueron bautizados "restauradores de las leyes", título que poco después quedó identificado con el coronel Rosas.

El general chileno José Miguel Carrera había colaborado en la campaña de Estanislao López, del cual se separó en agosto, aliándose con varios caciques ranqueles, a quienes pidió ayuda para regresar a su país para deponer a O'Higgins. Logró reunir más de 1000 indios de lanza, al frente de los cuales saqueó el pueblo de Salto.

El gobernador Rodríguez respondió atacando indiscriminadamente a los primeros indígenas que encontró, causando una matanza entre tribus inocentes y pacíficas. El resultado fue la unión de varias parcialidades indígenas en una serie de ataques contra las poblaciones "blancas", entre las cuales el pueblo de Dolores, fundado en 1817, fue completamente destruido.

En el Litoral

Ramírez regresó a Entre Ríos, donde José Artigas, su antiguo jefe, quiso someterlo a su autoridad. El resultado fue una guerra entre ambos: en una rápida sucesión de victorias, Ramírez logró finalmente derrotar al fundador del federalismo rioplatense, quien se exilió en el Paraguay. A continuación, el vencedor fundó la República de Entre Ríos - un estado federal autónomo con el nombre de República - que incluía su provincia, más la actual Corrientes y parte de la de Misiones.

De regreso de su expedición al sur, el 24 de noviembre Rodríguez firmó con Estanislao López el Tratado de Benegas, en el que se acordó la reunión de un Congreso Federal en Córdoba, y la entrega de 25 000 cabezas de ganado de los estancieros porteños a Santa Fe, en concepto de indemnización.

Retrato de Francisco Ramírez [Imagen: Wikipedia]
Retrato de Francisco Ramírez, caudillo de Entre Ríos. [Imagen: Wikipedia]
Retrato de Estanislao López [Imagen: Wikipedia]
Retrato de Estanislao López, caudillo de Santa Fe. [Imagen: Wikipedia]

Ramírez se consideró dejado de lado y decidió atacar simultáneamente a los tres participantes del Tratado de Benegas: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, y al frente de 2000 hombres invadió la primera de estas provincias a principios de mayo.

Tras una primera victoria, Ramírez ordenó a su segundo, el coronel porteño Lucio Norberto Mansilla, atacar Santa Fe; pero este desobedeció la orden para no combatir contra su provincia. La flota porteña bloqueó el puerto de Paraná, con lo que Ramírez quedó aislado y, tras una segunda batalla, al frente de sólo 400 hombres, el 26 de mayo, López lo derrotó y lo obligó a huir hacia el oeste.

Tras una breve campaña juntos, Ramírez y Carrera se separaron; Ramírez se retiró hacia el norte, buscando regresar a su provincia por el Chaco, pero fue alcanzado, derrotado y muerto el 10 de julio en el norte de Córdoba. La cabeza de Ramírez fue llevada a López, que la hizo embalsamar y la exhibió en una jaula.

Al saberse la noticia de la muerte de Ramírez, su medio hermano Ricardo López Jordán (padre) se hizo elegir jefe supremo de la República de Entre Ríos; pero fue derrocado por Mansilla el 23 de septiembre, que se hizo elegir gobernador de Entre Ríos. La República fue fraccionada y dada por desaparecida; hubo algunos intentos de reacción de López Jordán, pero Mansilla pudo conservar su gobierno y su período transcurrió relativamente en paz, allanándose en todo a la iniciativa política del gobierno porteño.

Por su parte, la provincia de Corrientes recuperó su autonomía. Tras algunos incidentes menores, Pedro Ferré inició un largo gobierno en diciembre de 1824, durante el cual la provincia conocería la paz y un moderado crecimiento económico.

En Córdoba y Cuyo

Tras el motín de Arequito, el general Juan Bautista Bustos regresó con el Ejército del Norte a Córdoba, donde algunas semanas después fue elegido gobernador de la provincia de Córdoba, que abandonaba así su anterior estatus de intendencia. Necesitado del Ejército para sostenerse en el gobierno y defenderse de la invasión de Carrera y Ramírez, finalmente Bustos no regresó al frente contra los realistas.

La revolución iniciada en Cuyo por Mariano Mendizábal determinó una serie de enfrentamientos, de resulta de la cual se formaron las provincias autónomas de Mendoza, San Juan y San Luis. Tras un período de anarquía, los gobernadores Tomás Godoy Cruz, de Mendoza, y José Santos Ortiz, de San Luis, llevaron una relativa estabilidad a sus provincias.

Las provincias cuyanas fueron atacadas en 1821 por el general Carrera, que ocupó durante varias semanas la ciudad de San Luis. Desde allí avanzó hacia Mendoza, pero fue derrotado y fusilado en esa ciudad el 4 de septiembre de 1821.

La provincia de La Rioja declaró su autonomía bajo el gobierno del general Francisco Ortiz de Ocampo. Una serie de enfrentamientos menores llevaron a la supremacía al comandante de los Llanos, Facundo Quiroga, que hizo nombrar gobernador a Nicolás Dávila. Ambos se enfrentaron a principios de 1823, resultando vencedor Quiroga, que fue nombrado gobernador. Ocuparía ese puesto apenas cuatro meses, pero sería caudillo político y comandante de armas de la provincia durante la siguiente década.

En el norte

El gobernador surgido de la revolución tucumana de 1819, Bernabé Aráoz, declaró a mediados del año siguiente la República de Tucumán, sancionando una constitución provincial. No obstante, la misma no incluyó a Santiago del Estero, que el 31 de marzo se había declarado independiente de la misma y había nombrado gobernador a Juan Felipe Ibarra, que la gobernaría durante tres décadas. Aráoz intentó recuperar el territorio por la fuerza en febrero de 1821, pero terminó en un fracaso.

En Salta, la continua resistencia del gobernador y caudillo Martín Miguel de Güemes –la guerra gaucha– había sido crucial para mantener la independencia, pero había costado muy cara en dinero, bajas y desorden social. Ante el inicio de la campaña de San Martín al Perú, Güemes planeó invadir el Alto Perú con sus ejércitos gauchos y el Ejército del Norte; este se había disgregado, pero una parte del mismo estaba en Santiago del Estero, al mando de Alejandro Heredia, deseoso de volver al frente. Pero gran parte de las armas disponibles estaban en manos de Aráoz, que se negó a entregarlas.

A principios de 1821, Güemes e Ibarra invadieron Tucumán para obligar a Aráoz a unirse a la proyectada campaña al Alto Perú, pero fueron derrotados el 3 de abril de 1821.

Bernabé Aráoz. [Imagen: Wikipedia]
Bernabé Aráoz. [Imagen: Wikipedia]

En ausencia de Güemes, una revolución de las clases altas de Salta lo depuso, pero bastó su regreso para retomar el poder. Sin embargo, los rebeldes habían llamado en su auxilio a los jefes realistas del Ato Perú; el general Pedro Antonio Olañeta respondió con una invasión a Salta, de la cual resultó la muerte de Güemes. Aún sin su jefe, las milicias salteñas sitiaron a los realistas en Salta y el 15 de julio lograron expulsarlos definitivamente. Bajo el gobierno de José Ignacio de Gorriti, Salta volvió a gozar de paz interna y rechazaría al año siguiente la última invasión realista, que no logró llegar hasta Jujuy.

La victoria de Aráoz fue efímera: en febrero, un cabildo abierto declaraba la autonomía de la provincia de Catamarca, primeramente, bajo el gobierno de Nicolás Avellaneda y Tula, y desde octubre, bajo el de Eusebio Ruzo.

En agosto de 1821 Aráoz fue depuesto por Abraham González, que abandonó el nombre de República y juró como gobernador de la Provincia de Tucumán. Ese acto inició una interminable serie de revoluciones y contrarrevoluciones, durante las cuales se turnaron en el gobierno Aráoz, su primo Diego Aráoz y Javier López, entre varios otros. Bernabé Aráoz logró recuperar el gobierno y mantener una paz inestable entre octubre de 1822 y agosto de 1823, cuando fue derrocado por Javier López, que lo derrotó definitivamente unos días más tarde y lo obligó a exiliarse en Salta. En marzo del año siguiente sería extraditado a su provincia y fusilado.

Continuidad de la guerra de Independencia

La anarquía en que se debatían las Provincias Unidas hubiera sido una oportunidad única para la proyectada expedición española que debía partir hacia el Río de la Plata –con mucho retraso– a principios de 1820. Sin embargo, la sublevación de esas tropas en enero de ese año dio inicio al Trienio Liberal en España, lo cual redujo significativamente los intentos del gobierno español por restaurar su imperio colonial.

Cuando se produjo la segunda restauración absolutista a fines de 1823, ya era demasiado tarde para nuevos esfuerzos reconquistadores. Las autoridades coloniales españolas estaban muy debilitadas y no contaban con el apoyo necesario para lanzar una nueva ofensiva, lo que dejó sin efecto cualquier posibilidad de restauración del dominio español.

Todo el esfuerzo militar en este período estaba centrado en los ejércitos en campaña. Estos eran sustentados por gobiernos provinciales específicos como Salta para la lucha contra el norte y Chile para la campaña peruana, mientras que ninguno de los otros gobiernos provinciales aportaba apoyo significativo. La provincia de Buenos Aires, con su control sobre la Aduana, podría haber proporcionado una fuente importante de recursos, pero se mantuvo al margen del conflicto y rechazó solicitudes de ayuda militar dirigidas por San Martín.

Nacimiento del modelo agroexportador

A medida que las provincias autónomas establecieron su independencia, surgieron nuevas oportunidades económicas. La agricultura y la ganadería se fortalecieron como pilares fundamentales para el desarrollo económico de estas regiones. Las provincias del Litoral, particularmente Entre Ríos y Corrientes, junto con Buenos Aires, comenzaron a explotar sus vastas extensiones de tierra para producir gran cantidad de carne vacuna y lana, que luego eran exportadas al mercado internacional.

En este contexto, la producción agropecuaria se convirtió en una actividad económica rentable debido a las demandas europeas. Las haciendas ganaderas crecieron rápidamente, generando riqueza para sus propietarios y permitiendo el desarrollo de infraestructuras como puertos y ferrocarriles necesarios para la exportación masiva de productos.

El 24 de noviembre de 1823, Martín Rodríguez firmó con Estanislao López el Tratado de Benegas, en el que se acordó la reunión de un Congreso Federal y la entrega de ganado como indemnización a Santa Fe. Este acuerdo reflejaba la creciente interdependencia económica entre las provincias, aunque la guerra continuó siendo una realidad cotidiana, lo cual limitaba la cooperación política necesaria para el desarrollo económico conjunto.

La Época de Rivadavia (1820-1827)

En 1820, Bernardino Rivadavia asumió como gobernador de Buenos Aires y buscó establecer un gobierno nacional más centralizado. Sin embargo, sus esfuerzos enfrentaron fuertes oposiciones federales que mantenían su autonomía en las provincias del Litoral y Cuyo. En este contexto, Rivadavia promovió la creación de una nueva constitución unitaria, pero no logró el consenso necesario para su aprobación entre todas las provincias autónomas.

Durante ese período, Rivadavia intentó fortalecer la posición económica de Buenos Aires mediante alianzas comerciales y tratados con otras provincias. Sin embargo, estas iniciativas encontraron resistencia en los gobernadores regionales que se opusieron a cualquier medida que socavara su independencia política.

En 1827, Rivadavia renunció al cargo de gobernador luego de una serie de derrotas militares y políticas frente a las fuerzas federales. Su gobierno había fracasado en la tarea de restablecer un poder central efectivo sobre todas las provincias autónomas, lo que dejó intacta la fragmentación política del país.

Inestabilidad y guerras civiles (1827-1835)

A partir del año 1827, el gobernador porteño Bernardino Rivadavia intentó fortalecer la posición económica de Buenos Aires mediante alianzas comerciales con otras provincias. Sin embargo, estas iniciativas encontraron resistencia en las provincias federales que mantenían su autonomía política. La muerte de Manuel Dorrego en 1828 y el posterior triunfo del federalismo bajo la dirección de Juan Manuel de Rosas marcaron un punto de inflexión. Rosas asumió el control sobre Buenos Aires, lo cual desencadenó una serie de conflictos con las provincias del Litoral, Entre Ríos y Corrientes, que buscaban mantener su independencia política.

Durante este período, la lucha entre centralistas y federales se intensificó. En 1830 estallaron hostilidades entre los partidarios de Rosas y las provincias del Litoral, lo cual llevó a una serie de batallas que incluyeron enfrentamientos en territorios como Santa Fe y Entre Ríos. Estos conflictos no solo desafiaban la autoridad de Buenos Aires, sino que también ponían en peligro la estabilidad económica regional.

En 1834, Rosas logró imponer su control sobre gran parte del Litoral tras derrotar a los opositores federales. Esta victoria le permitió consolidar una posición política más fuerte y establecer un gobierno que, aunque no reconocía formalmente la necesidad de una constitución nacional, sí garantizaba cierta estabilidad interna en Buenos Aires y sus alrededores.

La Confederación rosista (1835-1852)

En 1835, Juan Manuel de Rosas asumió formalmente como gobernador de Buenos Aires y fundó la Confederación Rosista. Esta alianza política dominó el país durante casi dos décadas, hasta la batalla de Caseros en 1852. Bajo su liderazgo, las provincias del Litoral y Cuyo se vieron obligadas a someterse a Buenos Aires, lo que redujo significativamente sus autonomías políticas.

Rosas promovió un modelo económico basado en la exportación de productos agropecuarios, fortaleciendo así el poder económico de las clases rurales. Este sistema generó riqueza para los estancieros y comerciantes porteños, pero también exacerbó las tensiones con provincias que luchaban por mantener su independencia política.

En 1852, la alianza entre Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre desafió el dominio de Rosas. La batalla decisiva tuvo lugar en Caseros, donde las fuerzas contrarias derrotaron a Rosas, poniendo fin a su prolongado control sobre Buenos Aires y abriendo la puerta para una nueva organización política nacional.

Caseros: fin del rosismo

En 1852, la Confederación Rosista llegó a su punto culminante con la batalla de Caseros. Esta contienda enfrentó al poderoso gobernador porteño Juan Manuel de Rosas contra una coalición liderada por Justo José de Urquiza y Bartolomé Mitre, quienes buscaban derribar el dominio rosista sobre Buenos Aires. La caída de Rosas en Caseros marcó el fin del largo período conocido como la era rosista, caracterizada por su control político sobre las provincias argentinas. Posteriormente, Urquiza asumió el liderazgo y convocó a una Asamblea Constituyente en Santa Fe, que sentaría las bases para un nuevo orden nacional.

La derrota de Rosas desencadenó cambios significativos en la estructura política del país. Las provincias del Litoral y Cuyo, históricamente sometidas al dominio porteño durante el período rosista, recuperaron gran parte de su autonomía política tras la batalla de Caseros. Esto sentó las bases para un nuevo equilibrio de poder que pronto se concretaría en la formulación de una nueva constitución nacional.

La conclusión del gobierno de Rosas permitió a Justo José de Urquiza asumir el control político y convocar a una Asamblea Constituyente, dando inicio así al proceso de unificación política que culminó con la sanción de la Constitución Nacional en 1853.

Balance del período

Durante el período de las autonomías provinciales, cada región argentina experimentó una marcada independencia política y económica. Las provincias autónomas establecieron tratados para regular sus relaciones internas y manejaron asuntos externos con gran autonomía, lo que fortaleció su identidad territorial y promovió el desarrollo de infraestructuras locales esenciales para la producción agropecuaria. Este aislamiento permitió a las provincias del Litoral y Cuyo explotar sus recursos naturales sin restricciones centrales, generando riqueza significativa para sus habitantes.

El modelo económico basado en la exportación de productos agrícolas y ganaderos se consolidó durante este tiempo, lo que impulsó el crecimiento de las haciendas y mejoró la posición económica de Buenos Aires. Sin embargo, esta dinámica también exacerbó las tensiones con provincias como Entre Ríos y Corrientes, que luchaban por mantener su autonomía política frente al dominio porteño.

El enfrentamiento entre los partidarios del modelo unitario y los defensores de la autonomía provincial culminó en 1852 con la batalla de Caseros. Esta contienda marcó el fin del largo período rosista, caracterizado por la dominación política de Juan Manuel de Rosas sobre las provincias argentinas. La derrota de Rosas abrió camino para una nueva etapa en la historia argentina, que buscaba superar la fragmentación territorial y sentar las bases para un nuevo orden nacional.

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